miércoles, 8 de febrero de 2012

Primeros pasos


Los primeros días en una ciudad que desconoces son inolvidables. Se abre ante ti un abanico de oportunidades entre las que destacan salir a explorar la ciudad o bien quedarse a salvo bajo tu techo. 

Afortunadamente escogí la segunda y como muchos otros habréis podido comprobar, cuando se explora una ciudad desconocida sin compañía parece ser una odisea. Todo es extraño o diferente, te fascinan las cosas de otro modo y a veces, inexplicablemente, sonríes a cualquiera que pase por la calle o bien le observas mostrándote totalmente aterrorizada. 

Es cierto, durante los primeros días en Copenhague me sentí entusiasmada y horrorizada. Fueron unos días en los que no acaba de definir si estaba viviendo unas vacaciones o bien estaba empezando a conocer mi futuro hogar. 

Debo dar las gracias a que uno de mis primeros contactos fue Maria y a lo que llamé “su pandilla”. Todos catalanes y ya acostumbrados a esta bonita ciudad. Mi primer domingo nocturno lo pasé con ellos en Christiana (tras haber disfrutado como nunca de un bocata de tortilla con tomate) y fue realmente extraordinario. Cogí con algo de torpeza la bici y recorrí las calles sin prestar mucha atención a mi alrededor y al poco rato entramos en aquél lugar que parecía ser un mundo aparte. Disfrutamos de una buena jam session (aunque ellos aseguran haber escuchado mejores sesiones, todo será comprobarlo) y luego volví en bus. Recuerdo que aquella noche dormí profundamente y con una sonrisa en la cara. 

Tras esto empecé la CBS Introduction Week y allí conocí a mucha gente. No obstante, acabé sentándome cada día junto a Marina, una chica de mi misma facultad en Barcelona que también estudiaría en la CBS este semestre. Allí empezaron nuestras excursiones a supermercados (¡no sabéis lo importante que es comparar precios!) y nuestras charlas. Además de esto, las tardes de la primera semana las pasé llevando a cabo distintas actividades organizadas por la universidad que me brindaron la oportunidad de hacerme un poco más con otros estudiantes de intercambio y también conocer un poco la ciudad. 

En la próxima entrada os hablaré de algunas anécdotas, personas que aún no he nombrado y situaciones varias. De momento os animo a leer sobre Christiania

¡Un fuerte abrazo bajo el manto de nubes que recorre la ciudad esta mañana!

miércoles, 1 de febrero de 2012

El sol brilla en mi mente


Un último vistazo a mi tierra mientras el avión vuela alto por encima de las montañas catalanas. Ahora, tras media hora, una hora, dos... intento descubrir qué ciudades estoy sobrevolando hasta encontrarme tan solo encima del mar y, más tarde, sobre una gruesa capa de nubes. El sol brilla intensamente sobre mí y me invita a volver a mi lectura.

Tras unos minutos nos avisan que debemos ponernos de nuevo los cinturones (aunque yo no me lo he desabrochado durante todo el trayecto). El avión empieza a introducirse en las nubes espesas, cojo la mano mano derecha de mi madre y le sonrío. Todo empieza a tambalearse y poco a poco el sol nos abandona. Empiezo a vislumbrar algunos edificios, carreteras y más tarde algún que otro parque y bosque. 

Aterrizamos y tras salir del aeropuerto siento por primera vez el frío danés. Durante el trayecto al hotel observo todo lo que me rodea y me sorprende cada pequeña cosa: es la primera vez que veo más gente ir en bicicletas que en coches, que recorro el centro y que me encuentro con caras danesas (¡y escucho hablar danés!). 

Todo parece demasiado nuevo, demasiado distinto. 

Ya en el hotel, y tras haber pasado el día fuera y haber pagado ya con coronas danesas miro cómo es la noche cerca de los Jardines de Tivoli y me preparo para dormir.  

Esto ocurrió el día 21 de enero y ya estamos en febrero. Y sigo sintiendo que esta ciudad es mágica. 

¡Bienvenida a tu ciudad desconocida! me dijo una anciana danesa entre risas unos días después.